La Piel

 

Es el envoltorio a través del que mostramos un aspecto agradable, o todo lo contrario. Quizás la arruga sea bella en la moda, pero no en nuestro rostro. El tabaco, por la alteración de las fibras elásticas, acelera el proceso fisiológico del envejecimiento cutáneo, dando lugar a alteraciones típicas en el rostro, como son las arrugas finas en labios superiores y comisuras de los párpados («patas de gallo»), el aspecto rugoso de la piel en general y el adelgazamiento de la cara, con prominencia anormal de los relieves óseos, especialmente de los pómulos. Hace ya unos años se cuantificó que el riesgo de arrugas en el hombre fumador era más del doble y en la mujer mas del triple que el de los que no fumaban. Dichos cambios se manifiestan a partir de los 35 años, aproximadamente, siendo la intensidad de las arrugas directamente proporcional al grado de consumo de tabaco. También el tabaco retrasa el proceso normal de curación de las heridas, especialmente por la nicotina, el monóxido de carbono y la cianida de hidrógeno. Es curioso el trabajo que se publicó hace unos años sobre 1.200 pacientes que habían sido sometidos a cirugía estética. Se encontró que los pacientes fumadores habían presentado un riesgo 12,5 veces mayor que los no fumadores respecto a alteraciones y necrosis de las suturas 

Dr. Víctor López-García Aranda. Presidente del Grupo de Trabajo de Tabaquismo de la Sociedad Española de Cardiología