Mortalidad precoz

 

A estas alturas de la información resulta casi ocioso, por conocido, hablar de la mortalidad que causa el tabaco desde el punto de vista cardiológico, respiratorio y oncológico. Pero por si alguien aún no ha oído hablar del tema, con mucho gusto podemos recordar que el consumo de cigarrillos proporciona un riesgo de infarto de miocardio cinco veces mayor entre los fumadores comprendidos entre los 30 y los 49 años; tres veces mayor en los de 50 a 59 años y dos veces mayor entre los mayores de 60, comparados con los no fumadores de su misma edad. Esta circunstancia acentúa su repercusión social, en particular si se considera que el riesgo de ataque cardíaco se reduce rápidamente al interrumpir el consumo de tabaco, tanto en varones como en mujeres. El consumo de tabaco es reconocido como la causa aislada más importante de morbilidad y mortalidad prematura prevenible en los países desarrollados.



Es verdad que todos hemos de abandonar algún día éste valle de lágrimas, pero los fumadores lo hacen, por regla general, más súbitamente y a edades más tempranas. La mortalidad atribuible al consumo de tabaco se sitúa en el 14,7 por ciento de to-das las muertes que se producen en un año. Y si ello es grave, lo es aún más el que los efectos del tabaquismo pasivo alcanzan la alarmante cifra de un 25 por ciento de la población, que tiene que sufrir incremento de riesgo de cáncer y enfermedades del tracto respiratorio por humos ajenos no deseados.

Dr. Víctor López-García Aranda. Presidente del Grupo de Trabajo de Tabaquismo de la Sociedad Española de Cardiología